El 8m fue un grito conjunto de las mujeres españolas en contra de un sistema que nos trata de manera distinta al hombre. Fue un basta ya emocionante y emocionado. Fue el inicio de una lucha que no va a cesar, ni si quiera ante golpes tan duros como el de ayer.
Este jueves 26 de abril de 2018, la justicia española (representada en varios hombres, claro), ha considerado que la violación de la Manada en los Sanfermines de 2016 a una mujer que no alcanzaba la veintena no fue tal. No. Fue abuso sexual.
Según nuestra justicia, la diferencia entre una violación y un abuso sexual es la violencia e intimidación. En otras palabras, si te fuerzan a tener sexo pero no te dan un bofetón es abuso, si no es violación.
Pero, yo me pregunto, ¿no es intimidatorio que cinco hombres de más de 80 kilos de peso cada uno te rodeen de noche junto a un portal, te 'inviten' a entrar y te desnuden? Señores jueces: si esta mujer ha denunciado es porque no consintió, porque ultrajaron su intimidad de la peor forma que se puede hacer, porque la sometieron a una terrible vejación... pero, lo más importante, denunció porque sigue viva.
Estoy tan triste y dolida con esta situación... me parece tan injusta... que no sé ni cómo ordenar todo lo que quiero decir. Pero lo cierto es que creo que todas las que ayer nos manifestamos en distintos puntos de España estamos unidas por una determinación: si la justicia no nos apoya, empezaremos a hacer justicia por nuestra cuenta.
Con esta entrada solo quiero dejar constancia de que ya no voy/vamos a tolerar más.
Invito a todas las que lo lean a que lo piensen. Si ellos, los machistas, creen que siguen estando por encima de nosotras se equivocan. Vamos a armarnos. Aprendamos a defendernos, ataquemos al atacante y apoyemos a las que nos rodean para que hagan lo mismo. Si ellos no quieren ponerse a nuestro nivel, seremos nosotras quienes nos pongamos al suyo, pero eso, señores, es la guerra.
Creo que en unos días me habrá bajado el calentón y piense: "Menuda memez que escribiste". Pero lo cierto es que cada día me doy más cuenta de lo difícil que es que los hombres bajen de su trono. Aunque, queridas, bajarán. Claro que bajarán. Porque sin nosotras nada funciona y nos están apretando tanto que vamos a explotar de verdad.
Basta ya de poner el foco en la víctima. Basta ya de tratarnos como si fuéramos niñas a las que tutelar. Basta ya de intimidarnos por las calles. Basta ya.
Solo me queda decir a la mujer violada por esa panda de machistas malnacidos: no estás sola y nosotras lucharemos para que se te haga justicia.
Porque escribir relaja, entretiene, libera la mente, ayuda a reflexionar. Porque leer relaja, entretiene, libera la mente, ayuda a reflexionar y te enseña cosas. Y, sin andarnos por las ramas, porque es aburrido no quejarse... y mucho menos en los tiempos que corren
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viernes, 27 de abril de 2018
Justicia machista
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viernes, 25 de agosto de 2017
Soy mujer, sufro pero me adapto
La tinta del machismo sigue tan profunda en la piel de las mujeres, incluso de mi generación, que me hierve la sangre cada vez que escucho a alguien decir que el feminismo es una moda y que somos todas unas 'feminazis' -cuando los nazis, entre otras cosas, exterminaron a millones de personas, en fin...-.
Hace unos meses escuché al elenco de la serie Las chicas del cable que ellas "no son ni machistas ni feministas". Esto es como decir que no son ni de izquierdas ni de derechas. Ni frío ni calor. En otras palabras, les resbala el asunto y tratan de quedar bien a toda costa.
En ese momento no estaba yo con ganas de verbalizar mi rechazo hacia estas declaraciones, pero siempre terminan volviendo a mi mente -es lo que tiene que sean famosas y monísimas, que salen hasta en la sopa- . Así que este es un momento tan bueno como cualquier otro para hacerlo.
Señoras y señores, hoy, como siempre, sigue siendo fundamental que las mujeres y los hombres sean feministas. Hoy, las mujeres seguimos siendo educadas para, entre otras cosas, cuidar del de al lado, para estar a las duras y a las maduras y, sobre todo, adaptarnos.
Ese es uno de los grandes males de nuestra sociedad.
Ayer charlaba con una amiga. Ambas nos dimos cuenta de que no hay ni una sola mujer en nuestro entorno que no haya estado en una relación tóxica -para ser justas, creo que mencionamos a un par, pero son la excepción-.
Hablando de este tema nos dimos cuenta de que al final, igual que pasa en la famosa novela 50 Sombras de Grey, el cuento es el de siempre: mujer que acepta y asume lo que sea con tal de salvar y acompañar al hombre amado. Lo que sea. Que hay que dar pasta para vicios, se da, pobre, yo le iré ayudando a salir de eso. Que hay que acceder a un modelo de relación concreto, claro que sí, de eso se trata, de ser modernas -aunque aún no sepamos qué significa-... todo ello siempre acompañado de nuestro sufrimiento, pero no del del otro. Nosotras estamos hechas para sufrir y son ellos quienes tienen que ser protegidos -y esto no es solo aplicable en relaciones de pareja, nos pasa con amigos, familia...-.
¿Pero qué pasa si nos viene de serie? O peor, ¿si nos viene de serie y ni lo sabemos?
Este tema es muy espinoso, porque estamos más perdidas que pulpos en garajes. Resulta que nos sale natural y nos pasa a todas, pero al final nosotras somos las responsables de que nos pase lo que sea. Ellos no, los otros no. Nunca. Aunque tengan actitudes abusivas, porque en el fondo, somos lo suficientemente listas, independientes, libres y maduras para plantar cara a todo eso.
Creo que todas aprendemos de nuestras experiencias, mal que nos pese, pero sigue siendo nuestra labor. Y esto se extrapola a tantas cosas en el día a día que asusta. Como, sin ir más lejos, los malos tratos. Seguimos dejando en manos de la mujer toda la responsabilidad. Pero no es un tema en el que quiera entrar, al menos no hoy.
Lo peor, y creo que es el punto central de la cuestión, es que muchas veces no sabemos ni qué es lo que queremos, y nos dejamos llevar por lo que nuestros entornos opinan, para proteger a todo el mundo, para cuidar todo a nuestro alrededor. A menudo nos enfrentamos a deseos que se contraponen, no entendemos nada y nos aterra tomar decisiones. ¿Acaso es malo que me apetezca estar con mi pareja siempre que pueda? O, al contrario, ¿que quiera tener mi tiempo para mí? ¿Es malo que no quiera pasar mis fines de semana en familia? O, al contrario, ¿no soy moderna y libre si mi familia lo es todo? ¿Soy una anticuada si no me acuesto con él esta noche? ¿Qué pensará de mí si le propongo que venga a casa en la primera cita?
Da igual, si sufrimos, que lo hacemos, siempre es cosa nuestra. Hagamos lo que hagamos, siempre podríamos haberlo hecho de otra forma. Pero esto, queridas y queridos, es algo que solo -o casi- nos pasa a las mujeres.
Creo que esta realidad debe tenerse en cuenta. Hombres y mujeres. Todos y todas. Sin un compromiso de todas las partes, es imposible cambiar nada. Yo asumo mis taras en este sentido, me miro y cada día me conozco más, pero sin la aceptación y el apoyo de los demás no conseguiré dejarlas de lado. Tú tampoco.
Hace unos meses escuché al elenco de la serie Las chicas del cable que ellas "no son ni machistas ni feministas". Esto es como decir que no son ni de izquierdas ni de derechas. Ni frío ni calor. En otras palabras, les resbala el asunto y tratan de quedar bien a toda costa.
En ese momento no estaba yo con ganas de verbalizar mi rechazo hacia estas declaraciones, pero siempre terminan volviendo a mi mente -es lo que tiene que sean famosas y monísimas, que salen hasta en la sopa- . Así que este es un momento tan bueno como cualquier otro para hacerlo.
Señoras y señores, hoy, como siempre, sigue siendo fundamental que las mujeres y los hombres sean feministas. Hoy, las mujeres seguimos siendo educadas para, entre otras cosas, cuidar del de al lado, para estar a las duras y a las maduras y, sobre todo, adaptarnos.
Ese es uno de los grandes males de nuestra sociedad.
Ayer charlaba con una amiga. Ambas nos dimos cuenta de que no hay ni una sola mujer en nuestro entorno que no haya estado en una relación tóxica -para ser justas, creo que mencionamos a un par, pero son la excepción-.
Hablando de este tema nos dimos cuenta de que al final, igual que pasa en la famosa novela 50 Sombras de Grey, el cuento es el de siempre: mujer que acepta y asume lo que sea con tal de salvar y acompañar al hombre amado. Lo que sea. Que hay que dar pasta para vicios, se da, pobre, yo le iré ayudando a salir de eso. Que hay que acceder a un modelo de relación concreto, claro que sí, de eso se trata, de ser modernas -aunque aún no sepamos qué significa-... todo ello siempre acompañado de nuestro sufrimiento, pero no del del otro. Nosotras estamos hechas para sufrir y son ellos quienes tienen que ser protegidos -y esto no es solo aplicable en relaciones de pareja, nos pasa con amigos, familia...-.
¿Pero qué pasa si nos viene de serie? O peor, ¿si nos viene de serie y ni lo sabemos?
Este tema es muy espinoso, porque estamos más perdidas que pulpos en garajes. Resulta que nos sale natural y nos pasa a todas, pero al final nosotras somos las responsables de que nos pase lo que sea. Ellos no, los otros no. Nunca. Aunque tengan actitudes abusivas, porque en el fondo, somos lo suficientemente listas, independientes, libres y maduras para plantar cara a todo eso.
Creo que todas aprendemos de nuestras experiencias, mal que nos pese, pero sigue siendo nuestra labor. Y esto se extrapola a tantas cosas en el día a día que asusta. Como, sin ir más lejos, los malos tratos. Seguimos dejando en manos de la mujer toda la responsabilidad. Pero no es un tema en el que quiera entrar, al menos no hoy.
Lo peor, y creo que es el punto central de la cuestión, es que muchas veces no sabemos ni qué es lo que queremos, y nos dejamos llevar por lo que nuestros entornos opinan, para proteger a todo el mundo, para cuidar todo a nuestro alrededor. A menudo nos enfrentamos a deseos que se contraponen, no entendemos nada y nos aterra tomar decisiones. ¿Acaso es malo que me apetezca estar con mi pareja siempre que pueda? O, al contrario, ¿que quiera tener mi tiempo para mí? ¿Es malo que no quiera pasar mis fines de semana en familia? O, al contrario, ¿no soy moderna y libre si mi familia lo es todo? ¿Soy una anticuada si no me acuesto con él esta noche? ¿Qué pensará de mí si le propongo que venga a casa en la primera cita?
Da igual, si sufrimos, que lo hacemos, siempre es cosa nuestra. Hagamos lo que hagamos, siempre podríamos haberlo hecho de otra forma. Pero esto, queridas y queridos, es algo que solo -o casi- nos pasa a las mujeres.
Creo que esta realidad debe tenerse en cuenta. Hombres y mujeres. Todos y todas. Sin un compromiso de todas las partes, es imposible cambiar nada. Yo asumo mis taras en este sentido, me miro y cada día me conozco más, pero sin la aceptación y el apoyo de los demás no conseguiré dejarlas de lado. Tú tampoco.
martes, 25 de agosto de 2015
No fue tan fácil. Tampoco tan difícil
No sé si yo soy la única mujer que tiene todas sus bragas
destrozadas por las pérdidas de flujo debido al uso de tampones, pero desde
luego, es un tema que me trae de cabeza, o bueno, me traía. Desde hace algunos
meses me aventuré a utilizar una copa menstrual y ese es un problema que ya no
tengo.
Pero no ha sido todo tan fácil tampoco.
Quizás es por la falta de hábito de interactuar con nuestra
propia vagina –es curioso, muchas veces nuestras parejas las conocen mejor que
nosotras mismas- o porque desde que somos adolescentes siempre hemos utilizado
lo mismo y cada vez con un mecanismo más sencillo para que colocarlo sea
prácticamente automático. Hablo de los tampones sobre todo.
Desde que tengo recuerdos, esos útiles han evolucionado
hacia mini esponjas de algodón que introduces en tu cuerpo sin rozar ni un solo
vello púbico. Así que de repente, te enfrentas a un aparato como una copa
menstrual y te parece algo imposible de colocar. “¡Es un rollo! Tienes que
meter los dedos, ¿no?”, me comentaba una de mis amigas cuando le dije que había
empezado a utilizarla. Y, bueno, no nos vamos a engañar, las primeras veces es
raro.
La copa se introduce doblándola a la mitad, así que al final
no es tan grande como parece, pero sí que hay que introducirla un poco –pero
muy poco, tiene que quedar colocada más cerca de la vulva que del cuello del
útero, al contrario que los tampones- y sí, tenemos flujos, por lo que se te
humedecen los dedos un poco también. La verdad es que yo antes utilizaba
tampones sin aplicador. Hace tiempo decidí que el planeta no merecía esos
plásticos extra por un poco de comodidad extra. Así que quitando que la copa, a
la hora de ponértela, es un pelín más ancha que un tampón, todo eso de los
flujos no me supuso un problema.
Pero, una vez colocada surge la gran pregunta: “¿Estará
bien? ¿Se me saldrá? ¿Cuánto tardará en llenarse?” Pues aunque es inevitable
hacerse estas preguntas, las respuestas serán en la mayoría de los casos “sí,
no, mucho”.
Sí estará bien colocada si sigues las instrucciones. Lo que
hay que hacer es introducirla doblada y soltarla. Cuando haces eso puedes
tantearla con uno de tus dedos para comprobar que se ha desdoblado. Si es así
debería estar bien colocada. Aunque, como todo en esta vida, puede que algo
haya fallado. En ese caso, es probable que te pongas perdida.
Llegado este punto voy a dar un consejo de algo que yo he
hecho para llegar a la conclusión de que no conozco nada mi cuerpo: utiliza
salvaeslips las primeras veces. Llevarlo te va a aportar tranquilidad. Nada
más. Pronto verás que con la copa no hay fallo.
En cuanto a lo de salirse… no sé si es algo que sentía únicamente
yo o es algo que a todas que probamos estos aparatillos nos pasa. Yo, desde
luego, pensaba que aquello iba a salir disparado de mi cuerpo como las pelotas
de pinpong de la vagina de las artistas tailandesas. Nada más lejos de la
realidad, de hecho, el problema que puede surgir las primeras veces aparece a
la hora de sacarla. Vamos, que se sujeta de forma natural. Aunque la tensión
hace que de paso hagas un poco de ejercicio con las paredes de tu vagina, así
que míralo por el lado positivo, no hay tensión que por bien no venga.
Finalmente, y para no aburriros, el asunto de cuánto tarda
en llenarse una copa. Pues dura mucho. Pero mucho, mucho. Obviamente, cada
mujer es un mundo, pero en mi caso, que soy de las que los primeros días no
daba abasto con los tampones, con la copa sólo tengo que cambiarla al
levantarme, a medio día y a última hora. Si algo bueno tiene esto es que eres
totalmente consciente de lo que es realmente la menstruación. No te desangras,
como puedes pensar viendo tus compresas de noche. La verdad es que no se sangra
tanto –siempre habla en términos generales, que hay mujeres para todo,
especialmente si ya han sido mamás…-.
En definitiva, la copa menstrual intimida, rompe nuestros
esquemas mentales, nos lleva a pensar en que significa salir de ese falso
estado del bienestar construido por los tampones de usar y tirar, pero no es
cierto. Quizás no sea lo más adecuado para ti, pero si no lo pruebas nunca lo
vas a saber, y quién sabe, a lo mejor descubres que es mucho mejor de lo que
habías probado hasta ahora…
(Texto escrito para el blog de Ruby Cup)
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