lunes, 6 de junio de 2016

Porque hombres y mujeres ya somos iguales...

Hace meses que no me dejaba ver por aquí, lo sé -por lo visto cada vez me urge más tatuarme la palabra 'escribe'- pero hoy he conseguido sacar 5 minutos para protestar. Sí, hoy toca queja y enfado.

Revisando las redes sociales, me ha saltado un artículo que estaba siendo muy comentado y al cual no quiero linkar para que nadie vaya a leerlo, al menos no quiero ponérselo tan fácil a ese periódico. Hoy en 'no somos machistas, el feminismo es una cosa del pasado' sumo el sesudo reportaje de El Español, ese diario tan novedoso y tal y tal, en el que habla de las 'candidatas más seductoras para el 26J'.

Creo que no hace falta que explique de qué va, ¿no? Bueno, básicamente nombra a políticas de distintos partidos políticos que saldrán en listas por primera vez en estos próximos comicios.

Sé, porque he trabajado en medios, que hoy lo que prima en un diario es el clic. Es decir, cuando una noticia es más visitada se aumenta el tráfico a la web lo que la posiciona mejor, aumenta el tráfico, bla, bla, bla. De ahí los innumerables artículos de 'top 10' de cosas. Y de ahí también este tipo de artículos, que cosifican a la mujer porque a los hombres les gusta curiosear y a las mujeres, tristemente, criticar.

¿Qué es antes, el huevo o la gallina? Me enfado al ver este tipo de artículos hablando de mujeres cuando nunca se hace lo mismo con hombres. Nunca se opina del novio o marido de alguna política por la ropa que viste, o si tiene o no unos kilos de más. NUNCA. No nos engañemos.

Precisamente por eso hay quien piensa que el feminismo es algo del pasado, que la igualdad ya ha llegado, porque nos han hecho ver qué es tan normal este tipo de prácticas que ni las detectamos como machistas.

A las mujeres nos han hecho creer que es intrínseco en nosotras ser envidiosas con otras mujeres, criticar constantemente. A ellos, que una mujer debe cumplir unos parámetros para ser deseable, y casi nunca se menciona la inteligencia o la profesionalidad.

Ayer vi que se ha criticado fuertemente a Alicia Keys por afirmar que no va a utilizar maquillaje nunca más. ¿En serio? ¿Es motivo de reportaje que un roquero se ponga ralla de ojos? No. Sin embargo, sí lo es que una cantante deje de pintarse antes de salir al escenario.

Y así todo, señores y señoras. Así seguiremos teniendo que sentirnos -nosotras- juzgadas y bajo el punto de mira constantemente, porque es así, no es machismo, es así, natural. Por eso mismo es fundamental que se haga un 'top 10' de las nuevas mujeres que pueden llegar al Gobierno. Con un poco de suerte podremos, después, opinar sobre sus estilismos en el Congreso de los Diputados.

viernes, 11 de marzo de 2016

No puedo y no puedo

No puedo. Es que no puedo. No puedo ver cada mañana las noticias y evitar apretar los dientes para tratar de contener las lágrimas. El 'problema' de los refugiados, como lo llaman en las altas esferas políticas me indigna, me duele, me revuelve el estómago, me hace sentir miserable.

Niños que cruzan en barcas con el único seguro de vida en forma de chaleco de plástico inflable que llevan nuestros sobrinos a la playa en verano. Ancianos que recorren miles de kilómetros arrastrando los pies apoyados en su andador. Madres y padres que ven enfermar a sus hijos por el frío y húmedo suelo que sostiene unas tristes tiendas de campaña del Decathlon que hacen las veces de casa en pleno invierno europeo.

¿Soy la única que se da cuenta de que estamos siendo corresponsables de una matanza a gran escala?

Se nos llena la boca hablando de las barbaridades que hicieron los nazis, esos monstruos, o Franco y sus secuaces en España, y sin embargo estamos cerrando la puerta a gente que ya no tiene nada más que perder que su propia vida.

Estamos dejando fuera de nuestras limpias calles a millones de personas que se juegan el todo por conseguir llegar a un lugar en el que las bombas y el radicalismo religioso les permita dormir, aunque sea en el suelo, aunque sea sobre una montaña de cartones mojados, aunque sea sin nada que echarse a la boca.

En Europa, los que se hacen llamar líderes han tardado semanas en decidir que no, que este suelo es nuestro y de nadie más, bueno, sólo de esos que traigan mucho dinero -si ese dinero se queda en Suiza o en otros paraisos fiscales nos da igual, lo que queremos es el dinero-.

Queremos al negro que haga ganar millones de euros con su destreza ante un balón de fútbol. Queremos al árabe que nos deje el petroleo baratito.
A todos los demás los queremos fuera.

Que paren el mundo que me quiero bajar, como diría Mafalda. Porque ya no me siento humana. Ya no me siento digna. Ya no me siento con derecho a dormir tranquila por las noches. Siento una impotencia tal que siento que cada vez todo merece menos la pena. ¿Para qué sirve el trabajo diario si no es más que para seguir formando parte de un sistema terriblemente injusto y miserable?

Hay que cambiar el sistema. Hay que luchar por abrir esas puertas. Hay que hacerlo y, lo peor de todo es que no nos queda casi tiempo. ¿Qué dices?

martes, 9 de febrero de 2016

Ni hombres ni mujeres, personas

El pasado domingo volvió Jordi Ébole con Salvados y nadie de los que vieron el programa quedó indiferente. Yo he de confesar que no lo vi entero, pero me uní en un momento clave, ese en el que una valiente víctima de malos tratos habla con chicos y chicas en un instituto sobre género. Es terrorífico.

Primero, los prototipos de hombre y mujer ideal físicamente, iguales en las cabezas de todos, como si de ideas inyectadas en vena se trataran. Ellos, más altos que sus parejas -mujeres-, fuertes, con tableta de chocolate y los ojos verdes, cariñosos y decididos. Ellas, rubias, con tetas enormes, una cintura más propia de una Barbie -de las de toda la vida, claro- , simpáticas y pacientes. Pacientes. ¿Pacientes?

Segundo, la vivencia de la víctima, que cuenta su horror, pero es consciente de su propia postura ante su agresor y, lo que es peor, la de la gente que les rodea. Ella se escudaba en la idea de que él iba a cambiar, que estar junto a ella le iba a hacer mejor persona. Los demás no veían en él comportamientos preocupantes, porque prohibir a su novia llevar tacones que la eleven por encima de él es algo absolutamente normal...

Nosotras pacientes, guapas, sonrientes. Ellos fuertes, decididos, aventureros.

Basta.

Es siempre igual y lo peor es que hasta quienes creemos que estamos por encima de eso NO lo estamos. Hasta en las parejas mejor avenidas se repiten los mismos roles. Es muy difícil ver cosas distintas y eso, desde mi punto de vista -ya no hablo de violencia de género, porque eso es un tema mucho más dramático, ya que nadie tiene derecho a dañar a otra persona- se sustenta, casi siempre, en un consentimiento inconsciente por los dos lados. Por el de ellas -nosotras- que nos empeñamos en ser princesas desvalidas para nuestras parejas, y ellos porque tienen que cumplir a rajatabla el rol de caballero andante de reluciente armadura. ¿Por qué él tiene que ser bueno arreglando el grifo de la cocina y yo planchando? Ninguna, cuando empezamos en una relación, admitimos esto, pero lo cierto es que por algún motivo -la inercia social de roles- pasa que de repente él es el manitas, el que mejor conduce, el que no deja de trabajar si hay hijos y el que, por supuesto, siempre tiene ganas de sexo. Tú, yo, mujer, nos convertimos en unas amas de casa estupendas, que solo piensan en criar niños y en quejarse porque "con lo cansada que estoy como para tener ganas de juerga al acostarme".

Yo me niego. No quiero repetir esos roles. Quiero seguir siendo lo que he sido estando sola aunque vaya acompañada. Porque una cosa no excluye a la otra. Quiero reafirmarme como persona, sin género, sin comportamientos preestablecidos.

Creo que es hora de que todos y todas seamos conscientes de que aún existen diferencias de género en nuestros subconscientes y, precisamente eso, es el origen de muchos problemas, porque nos empeñamos en creer que ya está todo superado y no es cierto. Hombres y mujeres somos iguales sobre el papel, sí; quizás cada vez lo seamos más en el terreno profesional, vale. Pero no lo somos en el día a día. No lo somos cuando esperamos una reacción distinta de un hombre o de una mujer sobre un mismo asunto. No lo somos cuando asentimos con la cabeza al decir que una mujer está más guapa depilada. No lo somos cuando un hombre que no trabaja y cuida la casa es un calzonazos.

Hemos de trabajar mucho cada uno de nosotros para detectar esas 'taras' que tenemos de serie, por haber nacido con vagina o con pene, para empezar a cambiar la sociedad que nos rodea. Después ya vendrá todo lo demás.


jueves, 31 de diciembre de 2015

Haz feliz en 2016

Hoy termina otro año. Uno más. Solo uno más, aunque este, como los anteriores, también ha sido importante, mejor dicho, muy importante.

2015 ha sido aprender. Cuando ya creía que sólo me quedaba 'madurar', he descubierto que eso no es otra cosa sino seguir aprendiendo, pero sobre la vida. Madurar es encarar el futuro y no perder la sonrisa. Madurar es saber desapegarse. Madurar es descubrir que hay mucho por aprender aún.

Este año que acaba ha sido complicado. No por nada en concreto, sino por todo lo que no es concreto. Ha sido duro por todo eso que no se quiere decir, por eso que no se quiere hacer, por esas cosillas que al final terminan saliendo. Este año todo eso ha salido y he sobrevivido, no solo eso, sino que puedo decir que he sido feliz.

Aunque, a estas alturas sé que si este 2015 ha sido para aprender, el que viene será para llevar a cabo lo aprendido. Por tanto, no será fácil.

Entre otras cosas, en los últimos 12 meses he entendido que no deberíamos hablar de ser felices, sino hacer por ser felices. Por eso, no voy a desearos feliz año.

Para este 2016 os animo a dejar de lado la amargura, los malos pensamientos, los caminos sencillos y los quehaceres por compromiso. Este 2016 deseo que todos miréis, miremos más hacia nosotros mismos; deseo que, aunque sea por un segundo, aprendamos a ponernos en el lugar del otro; deseo que dejemos de lado las palabras que hacen daño. En definitiva, deseo que entre todos hagamos por ser y hacer felices.

Por todo eso, no voy a desearos feliz 2016, sino que os voy a dar todo el ánimo del mundo para que hagáis por ser felices y facilitárselo a quienes os rodean.


*Este post se lo dedico a esos que, aún sin pedírselo, hacen por que yo sea un poco más feliz. Gracias. 

viernes, 11 de diciembre de 2015

Quiero perdonarme

Ha llegado la hora de perdonarme.

En los últimos meses he estado trabajando en redescubrirme, en saber quién soy o lo que quiero llegar a ser, en mirar al pasado sin miedo y afrontar el dolor. Abrí la caja de Pandora de las cosas feas que estaba guardada en lo más profundo de mi ser y revolví entre la mierda.

Desde entonces he llorado. He llorado mucho, pero no por tristeza, sino por no parar de castigarme. En mis 28 años de vida, por primera vez he sido consciente del alto grado de exigencia que he generado para conmigo misma y que me ha llevado a normalizar hábitos dañinos que han llegado a atormentarme.

La autoexigencia han sido los culpables de que haya tirado la toalla, a veces, demasiado pronto. Cuando veía que no iba jamás a alcanzar la perfección en el ámbito de turno -deporte, educación, arte...- lo abandonaba repitiéndome excusas vacías que se convertían en reales. "No no, eso no puedo hacerlo, tengo vértigo". "Esto no me divierte en absoluto, no voy a hacerlo más". MENTIRAS. Mentiras que a base de repetirlas se convierten en verdades.

Es una pena llegar a darse cuenta de todo esto, pero creo que no es tarde. Creo que puedo aprender a perdonarme, igual que aprendí a hacerlo con los que me han hecho daño a lo largo de mi vida. Voy a aprender a perdonarme. Quiero perdonarme.