Alguien me preguntó hace algunos días si no pensaba seguir escribiendo en el blog. ¡El blog! Se me había olvidado totalmente… Parece que el trabajo ya me permite desquitarme de las ganas de escribir. Aunque, lo cierto es que no he necesitado ni 10 segundos para conseguir una idea. El aborto.
Muchos pensareis que dar tanto la vara con el tema de la reforma de la ley del aborto es solo una cortina de humo del gobierno para que no nos acordemos del paro, los impuestos, los bancos, los desahucios… (así podría seguir un rato largo, pero no es el tema). Sin embargo, aunque así fuera, es muy lamentable que se plantee eliminar derechos sólo porque la mala gestión está arruinando a la clase política y, especialmente al Ejecutivo.
Sí, puede que a muchos les pese, pero el aborto es un derecho. Ningún científico ha conseguido demostrar en qué momento un feto es un ser humano, no sabemos si es en el segundo uno o en la semana 22. Este argumento que esgrimen todos los autodenominados "provida" no es válido. No se puede legislar por la fe de algunos cuantos. Es más, no se puede imponer la fe.
Sería maravilloso vivir en un mundo en que todos somos lo suficientemente perfectos como para no cometer errores, pero no es así. Hay embarazos no deseados todos los días. Permitir el aborto sólo asegura permite a las mujeres decidir si quieren o no ser madres, independientemente del imprevisto surgido.
Yo no creo que sea "bueno" que una mujer aborte pasado un plazo (Empar Pineda me comentó en una entrevista que para ella no se debería abortar cuando el feto puede sobrevivir fuera del cuerpo de la madre, me parece sensato). Pero tampoco creo que ninguna mujer pueda se obligada a ser madre. Ser mujer no es sinónimo de ser madre.
La realidad es que el aborto existe y prohibir no es la solución. Abortar es tomar una decisión complicada en algunos casos (en la mayoría, me atrevería a decir). No es un plato de gusto para ninguna. Por eso no entiendo la necesidad de algunos de limitar ese derecho adquirido con los años por la mujer; como si todas fuéramos asesinas en potencia a las que hay que atar corto.
Es como si de golpe y porrazo algún genio propone eliminar el divorcio porque el matrimonio "es sagrado" y no debe romperse. ¿A que nadie se lo ha planteado? O prohibir los preservativos, porque las relaciones sexuales sólo deben estar orientadas a procrear. O beber alcohol porque en algunas religiones está, digámoslo así, desaconsejado.
No se puede legislar con la religión en la mano, sino con el raciocinio. Prohibir nunca ha sido la solución. Pasa lo mismo con las drogas, el hecho de que no sean legales no significa que haya que cerrar los centros de ayuda a drogodependientes.
Nuestra sociedad debe ser lo suficiente madura y responsable para superar la hipocresía. Ocultar las realidades sólo las acentúan. ¡No retrocedamos!
Porque escribir relaja, entretiene, libera la mente, ayuda a reflexionar. Porque leer relaja, entretiene, libera la mente, ayuda a reflexionar y te enseña cosas. Y, sin andarnos por las ramas, porque es aburrido no quejarse... y mucho menos en los tiempos que corren
jueves, 23 de mayo de 2013
sábado, 12 de enero de 2013
Año nuevo, medio nuevo
El 12 de enero de 2012, reuní a algunos de mis mejores amigos y salimos a celebrar mi último jueves-noche-fiesta de "libertad" antes de empezar el año de máster en la Escuela de El País. Al final resultó que ni jueves, ni viernes y casi ni sábados pude desenchufarme de mis responsabilidades. De hecho, no tuve tiempo ni de actualizar este pedacito de mi que es el blog.
Hoy, 365 días después, ya no tengo esa ilusión al empezar un curso nuevo, tengo la ilusión de comenzar a formar parte de un nuevo medio: El Huffington Post.
Sé que, casi con toda seguridad, este empleo es algo temporal, pero tengo la intuición de que justo ahora, pocos días después de tomar las uvas para recibir el nuevo año, algo bonito comienza en mi vida.
También sé que va a ser difícil. No este año, que ya lo tengo solucionado, sino los que le siguen. Sin embargo, por primera vez en muchos meses, me he quitado la angustia que me rodea, la incertidumbre que me aborda en cada esquina y la tristeza que se respira en las calles de España. Se acabó. Voy a volver al campo de juego.
Se terminó estar asustada. Se acabó el pensar continuamente en el futuro. Voy a vivir mi presente y voy a hacerlo con todas las fuerzas que he conseguido recordar que algún día tuve.
Como solía hacer cuando escribía por aquí con más regularidad, hoy quiero dedicar este post a mis nuevos compañeros, a los chicos y las chicas del periódico.
Pero también quiero recordar a mis compañeros del Equipo A y del proyecto de digital (Victoria, Manolo y Álvaro incluidos), que esta vez, además de los de siempre (mi grandísima familia y amigos), ellos me han hecho volver a sentirme potente, enérgica y valiosa.
A partir de aquí, más y mejor.
lunes, 2 de julio de 2012
Un respiro
Tras meses, o mejor dicho, años, padeciendo el ataque de los medios que vaticinan
el apocalipsis económico de este país, parece que por fin los españoles se
toman un respiro.
Aun no siendo muy partidaria del espectáculo del fútbol (me recuerda más al pan y circo de los
romanos de lo que pensaba), ayer me di cuenta de que para muchos de nosotros
esa alegría por la victoria de la selección no lo es tanto por la excelencia
del equipo que nos representa, sino porque por fin, después de mucho tiempo,
hay una buena noticia.
Curiosamente hoy comienzo mis prácticas en El País. Me han
situado en la sección de domingo, lo que significa que podré desarrollar temas
sin preocuparme tanto de la actualidad más inmediata. Podré (o eso creo) contar
cosas ‘bonitas’.
Siempre he creído que el mundo necesita estar más informado
sobre lo que pasa alrededor y lo sigo
pensando. Pero la prima de riesgo no es lo único que está sucediendo. Hay
lugares del globo donde la gente sigue muriendo de hambre (desde hace mucho
tiempo), hay sitios donde los homosexuales se tienen que esconder, hay naciones
donde las mujeres no pueden enseñar más que sus ojos cuando caminan por la
calle.
De pronto no solo no paramos de mirarnos al ombligo, sino
que nos preocupamos de la única cosa que seguro que no podemos controlar, los
famosos mercados.
Obviamente tampoco podemos controlar a Cesc o Casillas, son
seres humanos libres (y con mucho más dinero que los demás para hacer lo que
les viene en gana, por cierto), pero gracias a esta competición ‘futbolera’,
muchos de nosotros hemos dejado un poco de lado la obsesión por salir de la
crisis y hacer bien nuestros trabajos para seguir pagando la hipoteca. Hemos
hecho un hueco para los amigos y la familia.
Ayer vi el partido con mis amigos y uno de ellos comentó: “Parece
Noche vieja, todos besándonos y llamándonos por teléfono”. Creo que aunque odie
el negocio del fútbol, tengo que admitir que este respiro nos ha venido bien a
todos.
Ahora solo falta que los jugadores repartan un poquito de lo
que han ganado… Pero ese es otro tema.
jueves, 23 de febrero de 2012
Esperanza
Hace meses, cuando la crisis ya dejó de ser una noticia y empezó a ser el azote de muchas familias e individuos en España, empecé a darme cuenta de un fenómeno, que no es nuevo en la historia pero sí para mí.
A menudo carecemos de empatía (de hecho carecemos de empatía casi siempre) y no somos capaces de ver más allá de una cartilla del banco en números rojos, un deshaucio o un aumento indiscriminado de los parados que empiezan a quedarse sin apoyos económicos.
Todo eso no sólo afecta en lo visible de la vida cotidiana, sino en lo más profundo de todos los que lo viven, en sus estados anímicos y psicológicos.
Ya comenté en su día mis sensaciones al sentirme absolutamente inutil dentro de la sociedad y, lo que es peor, al no poder hacer nada para remediarlo. Pero cada día que pasa miro a mi alrededor y contemplo horrorizada que cada vez es peor.
Los políticos hablan todo el rato de dinero, trabajo, agencias de calificación y, para variar, se echan la culpa unos a otros. Sin embargo, muy pocas veces he oído a ninguno preocuparse de verdad sobre la situación real de los afectados por la crisis.
Para los chinos, el año del dragón (en el que estamos) es un año de incertidumbre y cambio y sólo espero que esas dudas ante lo que se viene y esos cambios no sean a peor sino a algo mucho mejor.
Es la primera vez que siento que la pena se cierne sobre todos. Aun estando en un buen momento profesional, tengo un sentimiento de angustia en el fondo de mi ser siempre que pienso en el futuro. Como yo, la mayoría de la gente que me rodea, de una forma u otra comienza a exteriorizar un nerviosismo que ha permanecido oculto durante los primeros años de recesión.
No quiero ser negativa, porque como ya he dicho, tengo la esperanza de que las cosas empiecen a mejorar para todos. Sin embargo, creo que hoy, más que nunca, tenemos que EMPATIZAR (sí, con mayúsculas). Tenemos que tender un brazo y poner el hombro al que está junto a nosotros, no solo porque en cualquier momento necesitaremos lo mismo, sino porque más que el dinero, las personas necesitamos tener esperanza.
A menudo carecemos de empatía (de hecho carecemos de empatía casi siempre) y no somos capaces de ver más allá de una cartilla del banco en números rojos, un deshaucio o un aumento indiscriminado de los parados que empiezan a quedarse sin apoyos económicos.
Todo eso no sólo afecta en lo visible de la vida cotidiana, sino en lo más profundo de todos los que lo viven, en sus estados anímicos y psicológicos.
Ya comenté en su día mis sensaciones al sentirme absolutamente inutil dentro de la sociedad y, lo que es peor, al no poder hacer nada para remediarlo. Pero cada día que pasa miro a mi alrededor y contemplo horrorizada que cada vez es peor.
Los políticos hablan todo el rato de dinero, trabajo, agencias de calificación y, para variar, se echan la culpa unos a otros. Sin embargo, muy pocas veces he oído a ninguno preocuparse de verdad sobre la situación real de los afectados por la crisis.
Para los chinos, el año del dragón (en el que estamos) es un año de incertidumbre y cambio y sólo espero que esas dudas ante lo que se viene y esos cambios no sean a peor sino a algo mucho mejor.
Es la primera vez que siento que la pena se cierne sobre todos. Aun estando en un buen momento profesional, tengo un sentimiento de angustia en el fondo de mi ser siempre que pienso en el futuro. Como yo, la mayoría de la gente que me rodea, de una forma u otra comienza a exteriorizar un nerviosismo que ha permanecido oculto durante los primeros años de recesión.
No quiero ser negativa, porque como ya he dicho, tengo la esperanza de que las cosas empiecen a mejorar para todos. Sin embargo, creo que hoy, más que nunca, tenemos que EMPATIZAR (sí, con mayúsculas). Tenemos que tender un brazo y poner el hombro al que está junto a nosotros, no solo porque en cualquier momento necesitaremos lo mismo, sino porque más que el dinero, las personas necesitamos tener esperanza.
lunes, 30 de enero de 2012
Reencontrándome
Han cambiado las tornas.
Hace unos meses escasos me quejaba del exceso de tiempo libre del que disponía. Ironías de la vida (o el mismo curso de ella), ahora no tengo tiempo ni para pensar, para pensar y poder sacar algo en claro para rellenar este espacio (mi blog, mi medio).
La idea de crear este blog no fue otra que poner por escrito, tratar de materializar a través de las palabras, mis inquietudes. Pasaba horas reflexionando sobre mi mundo, el de los demás y el común. Me fascinaba (y lo sigue haciendo, desde luego) comprobar como al final todo estaba interrelacionado. Pero, lo más importante, me alegraba al comprobar que más tarde o más temprano todo el mundo tiene lo que merece, lo que trabaja, lo que sufre, lo que llora…
Para bien o para mal, sigo pensando que, a pesar del momento que vivimos, a pesar de ese suspense continuo en el que nos sentimos por la incertidumbre económica, y a pesar de que cada vez seamos más individualistas y solitarios, al final nos encontramos. Nos encontramos a nosotros mismos en medio del huracán, nos encontramos frente a los otros que pelean por encontrarse.
Y de pronto todo tiene sentido.
Quizás estoy viviendo un momento tan bueno que soy incapaz de mostrarme más pesimista. Reconozco que no puedo ser objetiva porque hace muy poco tiempo que me he vuelto a encontrar. Pero también reconozco que me asusta.
Aunque diluvie y el río se salga de su cauce, éste siempre vuelve a su recorrido habitual, sin embargo eso no le exime de una futura nueva inundación. Siempre queda ese miedo a que vuelva a llover, pero creo que cada uno debemos aprovechar los momentos en los que el cielo descampa para cerrar el paraguas y mirar directamente al sol.
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